La excepción colombiana

A estas alturas de mayo del 2021, cuando las protestas sociales en Colombia han demostrado su consistencia y la respuesta del gobierno en turno ha dado muestras, a su vez, de la brutalidad a la cual puede escalar —aún más— la represión de la sociedad civil movilizada, es ya un sentido común reconocer que aquello comenzó hacia finales de abril cuando el presidente Iván Duque, digno personero de la derecha neoliberal nacional y regional, pretendió hacer frente a la crisis económica por la que atraviesa el país promoviendo en el congreso una serie de reformas que, de aprobarse, no tendrían mayores resultados que profundizar las condiciones de explotación y de empobrecimiento de las clases trabajadoras. La más importante de esas propuestas legales era, por supuesto, la de carácter fiscal, destinada a incrementar la recaudación de impuestos directos en productos de consumo masivo que resultan vitales para la cotidianidad de las clases medias y los sectores populares por debajo de la línea de bienestar. Sin embargo, otras tantas iniciativas no eran de menor importancia, como es el caso de la que tenía por objeto reformar al sistema de salud.

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La izquierda mexicana al servicio de la inteligencia artificial II/III

El pasado viernes 16 de abril el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión. Dicho decreto contiene las disposiciones que, a partir del día siguiente de su publicación (sábado 17 de abril) comenzaron a regular la creación de un Padrón Nacional de Usuarios de Servicios de Telefonía Móvil, alimentado con la recolección de un conjunto de datos biométricos (aún sin especificar cuáles serán) por parte de cada persona que el país cuente con una línea de telefonía móvil activa, registrada a su nombre.

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Michel Foucault: el homosexual, el perverso y el pedófilo /I

En fechas recientes, a principios de 2021, un apologista del neoliberalismo (digno representante de algunas de las posturas político-ideológicas más reaccionarias de la derecha en el presente, aunque disfrazadas de liberalismo puro), Guy Sorman, acusó en dos ocasiones a Michel Foucault (uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX y, al mismo tiempo, uno de los más descalificados y atacados, casi siempre por incomprensión de sus críticas, lo mismo por las izquierdas que por las derechas contemporáneas) de haber cometido una serie de atrocidades, de carácter sexual, en contra de menores de edad e incluso de infantes tunecinos. Acusaciones, pues, según las cuales, en vida, Foucault no habría sido más que un pedófilo de closet: una figura perversa por triple cuenta, toda vez que no únicamente sostenía relaciones sexuales forzadas con infantes, sino que, además de ello, lo hacía en su condición de homosexual, por un lado; y ocultando hipócritamente sus preferencias a través de sus análisis filosóficos sobre La historia de la sexualidad en Occidente, por el otro.

Es decir, de acuerdo con la forma en que fue construida la acusación en contra de Foucault, lo realmente perverso e imperdonable de sus actos estaría dado no únicamente por la práctica sexual en sí misma: por el hecho de que él, un adulto, sostuviese relaciones sexuales con menores de edad e infantes, sino que, adicional a ello, lo sería por el hecho de que él era homosexual, una figura, durante mucho tiempo, considerada en Occidente y en otras culturas como una perversión en sí misma, como una anormalidad de la naturaleza humana con el poder de corromper a las sexualidades heteronormadas y arrastrarlas tras de sí; y también por el hecho de que, durante toda su trayectoria intelectual, él mismo se encargó de reivindicar, en diversas ocasiones, la sexualidad de los y las menores de edad y de los y las infantes en un sentido por completo contrario al sentido común imperante en la época. De ahí que, en última instancia, la figura de este filosofo no fuese más que la relación circular entre su homosexualidad y sus insistentes aspiraciones a justificar sus preferencias sexuales y sus abusos a menores de edad a través de su actividad intelectual en el Collège de France, a través de sus libros, sus seminarios, sus conferencias, sus entrevistas.

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