Los saldos electorales de la 4T: propaganda y clases sociales (II)

En el debate capitalino posterior a los comicios de medio término, celebrados este pasado 6 de junio, dadas las múltiples victorias que obtuvo la coalición Va por México en un gran número de alcaldías del occidente de la ciudad, dos de las preguntas que más se han repetido y que más difícil ha resultado responder son, en primer lugar, ¿por qué MORENA perdió tanto respaldo a su plataforma y su agenda entre la sociedad?; y, en seguida, ¿qué factores son los que explican el desplazamiento de una parte considerable del electorado hacia la derecha del espectro ideológico?

La respuesta a estas interrogantes no es, por supuesto, única. Al ser fenómenos interconectados y que se corresponden mutuamente, las causales que explican uno y otro son múltiples y diversas. De ahí que no exista un único argumento que logre englobar a la totalidad de variables que intervinieron en el cambio de las correlaciones de fuerzas que en los próximos años se vivirá en la entidad, tanto por la redistribución de alcaldías como por el cambio de representaciones en la Asamblea Legislativa de la ciudad.

Ahora bien, de cara a este necesario recuento de los daños, ¿qué respuestas se han ofrecido por parte de la izquierda capitalina y cuáles de esos argumentos resultan en verdad plausibles para dar cuenta de las consecuencias profundas que conlleva la derrota de MORENA en la capital de México, para muchos y muchas la entidad más progresista del país (y que en efecto lo es)?

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Los saldos electorales de la 4T: el crecimiento de la derecha (I)

Saber si Morena ganó o perdió en las primeras elecciones intermedias por las cuales ha atravesado siendo la fuerza parlamentaria mayoritaria en el Congreso federal y, al mismo tiempo, siendo el instituto político que llevó a la presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador, no es tan sencillo como simplemente recurrir a una contabilización de escaños, para el caso de las Cámaras, o enumerar qué tantas gubernaturas más salieron de las filas del partido, por poner apenas un par de ejemplos. Y es que, si bien es verdad que, en términos políticos, el número de cargos de representación popular es quizás el indicador más certero para mesurar la fortaleza o la debilidad de una opción partidista, lo que hace a ese tipo de criterios inadecuados para el problema actual de Morena es que de su lectura no se extraen las mismas consecuencias cuando se aplican a un partido ya consolidado y cuando, por el contrario, se le aplican a uno cuya posibilidad de constituirse en gobierno fue producto de una movilización de masas.

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La izquierda es la oposición, no la derecha

Los mexicanos y las mexicanas están a un par de días de celebrar una de las elecciones intermedias más grandes en la historia reciente del país. Unos comicios, en ese sentido, históricos, en términos cuantitativos, debido a que, en los últimos años, el andamiaje y la normatividad electoral trabajaron por hacer concurrir en las mismas fechas al grueso de las elecciones locales en el territorio nacional con las respectivas a la renovación de la Cámara de Diputados. Pero unas votaciones históricas, asimismo, por todo lo que se juega en ellas para definir el rumbo que habrá de tomar la política nacional no sólo en lo concerniente a los siguientes tres años, cuando de nuevo, en 2024, se deba renovar la presidencia, el Senado, la Cámara, una decena de gubernaturas y congresos locales, así como un millar de presidencias municipales, sino, sobre todo, porque es a partir de este momento que, por lo menos para la izquierda mexicana, debe comenzar a tomar cuerpo un proyecto de carácter transexenal que ahonde en los logros hasta ahora alcanzados.

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El saber, el poder y la verdad: cientificismo y extrema derecha

Desde que la figura de Andrés Manuel López Obrador cobró la relevancia política nacional suficiente como para convertirse en un desafío para los intereses de algunos sectores en el seno de las élites mexicanas, ciertos círculos corporativos han sostenido el discurso de que el personaje en cuestión es la representación más acabada de una suerte de falso mesías, partiendo del entendido de que el ser un mesías es, en sí mismo, una falsedad, pero, además, implicando en su caracterización la idea de que la falsedad inicial de su mesianismo se aloja en la concepción que López Obrador tiene de sí mismo: impidiéndole reconocer la fantasía en la que habitan sus aspiraciones políticas.

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Michel Foucault: el homosexual, el perverso y el pedófilo II/V

A pesar de que los tiempos en los que vivió y desarrolló el grueso de su actividad intelectual fueron los de la liberación sexual en Occidente, en general; y en Francia, en particular; Michel Foucault se negó sistemáticamente a que el público de sus obras (lo mismo adeptos que detractores) hiciese una analogía entre las problematizaciones por él plasmadas en su obra y su propia vida privada. Entre los principales motivos que llevaron a Foucault a oponerse tan sistemáticamente a que las personas que se acercaban a su obra buscasen las respuestas que en ella daba a partir de lo que sucedía en su experiencia de vida, se halla, por supuesto, el hecho de que, a pesar del clima que imperaba en la Francia de la segunda mitad del siglo XX, las identidades sexuales no heteronormadas seguían constituyendo una rareza o perturbación de la naturaleza humana que no resultaba sencillo aceptar, mucho menos asimilar.

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