Cataluña: entre izquierdas fragmentadas y el ascenso de VOX

A finales del 2017, Cataluña se colocó en el centro de múltiples debates a nivel internacional debido a las movilizaciones masivas que en aquel momento tuvieron lugar, gracias a un repunte sin precedentes en el sentimiento autonómico e independentista de la población que habita dicha comunidad, ubicada al noreste de la península ibérica, haciendo frontera con el territorio francés. Poco más de tres años y una epidemia de SARS-Cov-2 después, el 14 de febrero del 2021 se celebraron elecciones regionales para renovar el Parlament y, a juzgar por los resultados de la jornada, entre las pocas certezas que es posible vislumbrar acerca de las tensiones y la crisis política por la que atraviesan España, en general; y Cataluña, en particular; se hallan dos: las fuerzas del independentismo han crecido como nunca antes en la historia reciente del país, pero la derecha nacionalista, en una de sus expresiones más reaccionarias, también.

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Ecuador: perspectivas de la izquierda regional en América

Andrés Arauz, candidato a la presidencia de Ecuador por la coalición Centro Democrático, no alcanzó a conquistar un mínimo de 40% de la votación emitida en los comicios del pasado domingo siete de febrero; requisito indispensable, en el marco normativo de esa nación, para ganar su acceso al poder ejecutivo del Estado sin tener que recurrir a una segunda vuelta electoral. La distancia entre su candidatura y el segundo lugar en preferencias populares, sin embargo, sí fue la suficiente como para abrir una brecha de poco más de diez puntos porcentuales de diferencia, aunque no queda claro, aún, si ese escaño lo ocupará, para el balotaje de abril próximo, la candidatura de la derecha conservadora, personificada por Guillermo Lasso (de la Alianza CREO) o si, por el contrario, lo hará Yaku Pérez, impulsado por el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik. Y es que, todavía en las primeras horas del día siguiente a la celebración de los comicios de primera vuelta, con poco más del 97% de los sufragios contabilizados, Lasso registra 19,60% de las preferencias, mientras que Pérez contabiliza 19,81%.

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La sucesión presidencial

Al caer la noche, el 24 de enero del 2021, el presidente de México en funciones, Andrés Manuel López Obrador, le hizo saber al mundo, a través de una comunicación en sus redes sociales, que había dado positivo a Covid-19. La noticia se da luego de que prácticamente durante todo un año, desde enero del 2020, el jefe del ejecutivo federal logró sortear una enorme variedad de escenarios en los que la posibilidad de contagiarse de SARS-CoV-2 era enorme; y aun así nunca enfermó.

Desde eventos públicos con concentraciones tumultuosas, llenas de simpatizantes, cuando los índices de contagio en el país aún se mantenían dentro de dinámicas comunitarias; hasta viajes recurrentes en vuelos comerciales y reuniones con diversas figuras de los sectores político, civil y empresarial, a lo largo y ancho del territorio nacional; pasando por sus acostumbradas conferencias matutinas (las “mañaneras”); en cada una de esas situaciones, aun cuando en algunos casos trascendió en la prensa que se habían dado casos positivos de Covid-19 entre los y las asistentes, López Obrador resultó, siempre, negativo en los análisis que se le realizaban, como parte de los protocolos de monitorio permanente de su salud de los que es objeto, de cara a la epidemia en México.

El anuncio se da, asimismo, a pocos días de que el grupo de edad al que pertenece López Obrador comenzara a ser vacunado por el gobierno federal en contra del SARS-Cov-2, toda vez que, entre febrero y abril del año que corre, las personas de sesenta años y más, así como el personal de salud restante (aquel que no necesariamente se encuentra en la primera línea de reacción en la atención a pacientes con Covid-19) serian las poblaciones meta para inmunizar. Siendo un varón de más de sesenta años, que además tuvo que ser operado de emergencia, en 2013, por haber sufrido un infarto al miocardio, y que en los últimos años de su vida ha sido objeto de diversos tratamientos médicos por tener afecciones relativas a sus niveles de presión arterial, a pesar de haber afirmado que sus síntomas son leves, López Obrador entra dentro del grupo de personas que acumula una serie de comorbilidades capaces de potenciar (no hay certeza sobre la magnitud en cuestión) el nivel de letalidad del virus en su cuerpo. Las probabilidades de que el presidente de México se agrave y llegue a perecer, hay que decirlo abiertamente, son altas.

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