La política partidista del INE

En materia electoral, el sistema político mexicano enfrenta, desde hace poco más o menos un siglo de historia, un problema recurrente: ¿cómo ofrecer garantías procedimentales, administrativas, jurídicas e institucionales respecto de los resultados que se obtienen en cada ronda comicial celebrada en el territorio nacional para renovar, en sus tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal), los puestos de elección popular? Y es que, en efecto, aunque la pregunta puede llegar a parecer simplona, por superficial; o exagerada, por cuanto se datan los orígenes de la problemática en los albores del nacimiento del régimen posrevolucionario; la realidad de la cuestión es que, al haber emergido como la fuerza y la cultura política hegemónica en el país, luego de la guerra civil de principios de siglo (1910-1924), el priísmo logró diseñar e imponer una serie de sentidos comunes y de prácticas políticas colectivas pensadas para garantizar niveles controlados de participación formal de las clases mayoritarias (las explotadas) en los procesos de toma de decisiones relativas a la organización y el funcionamiento de la vida nacional.

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MORENA: notas sobre el partido y sus afrentas

En la medida en que los comicios más grandes en la historia del México contemporáneo se aproximan, la disputa política entre el Instituto Nacional Electoral, por un lado; y el partido político con representación legislativa mayoritaria en el Congreso General, el Movimiento de Regeneración Nacional, por el otro; se hace cada vez más evidente, subiendo sistemáticamente el tono de la discusión pública. Al respecto, el Consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, insiste en afirmar que el Instituto sólo está cumpliendo con su función en tanto que autoridad ciudadana en materia electoral, de manera autónoma, objetiva, imparcial y en cumplimiento del marco legal y constitucional vigente. Y sin embargo, las medidas adoptadas por dicho Instituto, por lo menos en los últimos días, parecen indicar lo contrario y tener el propósito de reducir a sus niveles mínimos las posibilidades de que MORENA repita las mayorías parlamentarias con las cuales emergió vencedor en los comicios de 2018.

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Violencias de género e indolencia política

De las múltiples y diversas lecciones éticas y políticas que las mujeres movilizadas por América le han dado a las sociedades de la región, aquella que tiene que ver con reconocerle peso, legitimidad y validez a su voz —individual y colectiva— es, quizá, la que en estos tiempos se erige a sí misma como el eje que articula a la totalidad de la lucha que sostienen por emanciparse de un sistema que históricamente les ha oprimido con base en sentidos comunes que a lo largo del tiempo normalizaron y naturalizaron relaciones sociales que definitivamente no tienen nada de naturales. Y lo cierto es que hay una motivación poderosísima detrás de esa centralidad sobre la voz de la mujer: ninguna emancipación es posible si, en primer lugar, los y las oprimidas no tienen la posibilidad de participar del debate público (esto es: si no tienen voz en absoluto); y, en seguida, si, a pesar de contar con esa posibilidad y con relativas facilidades para ser escuchadas, las colectividades oprimidas son sistemáticamente descalificadas y anuladas en su rol político, desconociendo la legitimidad y la veracidad de sus afirmaciones, así como la demanda de justicia detrás de ellas.

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