¿De qué se habla cuando se habla de defender al INE?

A lo largo de los últimos meses (desde que Andrés Manuel López Obrador presentó ante el Congreso su proyecto de reforma constitucional en materia electoral), bajo las consignas #YoDefiendoalINE y #ElINEnosetoca, diversos sectores de la sociedad civil organizada, intelectuales con enormes grados de visibilidad en medios de comunicación y partidos políticos de oposición al gobierno obradorista han venido haciendo campaña pública promoviendo el rechazo ciudadano a cualquier tentativa del gobierno actual de modificar, en lo más mínimo, las reglas del juego electoral a nivel federal.

La iniciativa, por supuesto, pretende modificar algo más que ciertas disposiciones concernientes a la composición, el funcionamiento, el diseño institucional, el financiamiento y los alcances del accionar de las autoridades electorales vigentes (en este caso, el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Federal Electoral), pues también contempla, entre otros aspectos, una reducción de escaños en ambas cámaras del Congreso General, pasando de quinientas a trescientas diputaciones y de ciento veintiocho a noventa y seis senadurías, así como diversas disposiciones en materia de financiamiento público y acceso de partidos políticos a medios de comunicación, la implementación del voto electrónico y la reducción de los grados de participación mínima que se requerirían para volver a una consulta popular jurídicamente vinculante en sus resultados.

En la discusión pública, sin embargo, el grueso de todas estas consideraciones (que no son menores en sus aspiraciones ni intrascendentes en las consecuencias que tendrían para definir el diseño final que habría de tener el sistema político-electoral federal de ser aprobadas) han brillado por su ausencia, pues la mayor parte del debate movilizado en medios de comunicación y en redes sociales (sobre todo el que ha estado a cargo de cierto círculo de intelectuales, destacado por su virulenta oposición a prácticamente cualquier decisión que se tome desde Palacio Nacional) ha girado por completo alrededor de la discusión acerca de lo que esta iniciativa de reforma constitucional supondría para las autoridades en materia electoral; en concreto, la forma en que impactaría al INE: ¿marchar o no marchar? Es la fórmula simplona en la que esta oposición ha buscado zanjar toda la discusión.

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Contra la meritocracia en la educación pública

El pasado tres de enero, a propósito del arranque del nuevo año, la actual Jefa de Gobierno de la Ciudad de México (y por mucho la mejor opción de MORENA para el relevo presidencial del 2024, ante los peligros reaccionarios que suponen Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal), Claudia Sheinbaum, publicó en sus redes sociales dos breves mensajes cuya temática central era resaltar la naturaleza y los beneficios del programa Bienestar para Niñas y Niños, Mi Beca para Empezar, cuya población meta está constituida por las y los infantes que estudian en instituciones públicas de la CDMX, en niveles que van desde el preescolar hasta la secundaria.

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Los saldos electorales de la 4T: propaganda y clases sociales (II)

En el debate capitalino posterior a los comicios de medio término, celebrados este pasado 6 de junio, dadas las múltiples victorias que obtuvo la coalición Va por México en un gran número de alcaldías del occidente de la ciudad, dos de las preguntas que más se han repetido y que más difícil ha resultado responder son, en primer lugar, ¿por qué MORENA perdió tanto respaldo a su plataforma y su agenda entre la sociedad?; y, en seguida, ¿qué factores son los que explican el desplazamiento de una parte considerable del electorado hacia la derecha del espectro ideológico?

La respuesta a estas interrogantes no es, por supuesto, única. Al ser fenómenos interconectados y que se corresponden mutuamente, las causales que explican uno y otro son múltiples y diversas. De ahí que no exista un único argumento que logre englobar a la totalidad de variables que intervinieron en el cambio de las correlaciones de fuerzas que en los próximos años se vivirá en la entidad, tanto por la redistribución de alcaldías como por el cambio de representaciones en la Asamblea Legislativa de la ciudad.

Ahora bien, de cara a este necesario recuento de los daños, ¿qué respuestas se han ofrecido por parte de la izquierda capitalina y cuáles de esos argumentos resultan en verdad plausibles para dar cuenta de las consecuencias profundas que conlleva la derrota de MORENA en la capital de México, para muchos y muchas la entidad más progresista del país (y que en efecto lo es)?

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Los saldos electorales de la 4T: el crecimiento de la derecha (I)

Saber si Morena ganó o perdió en las primeras elecciones intermedias por las cuales ha atravesado siendo la fuerza parlamentaria mayoritaria en el Congreso federal y, al mismo tiempo, siendo el instituto político que llevó a la presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador, no es tan sencillo como simplemente recurrir a una contabilización de escaños, para el caso de las Cámaras, o enumerar qué tantas gubernaturas más salieron de las filas del partido, por poner apenas un par de ejemplos. Y es que, si bien es verdad que, en términos políticos, el número de cargos de representación popular es quizás el indicador más certero para mesurar la fortaleza o la debilidad de una opción partidista, lo que hace a ese tipo de criterios inadecuados para el problema actual de Morena es que de su lectura no se extraen las mismas consecuencias cuando se aplican a un partido ya consolidado y cuando, por el contrario, se le aplican a uno cuya posibilidad de constituirse en gobierno fue producto de una movilización de masas.

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La izquierda es la oposición, no la derecha

Los mexicanos y las mexicanas están a un par de días de celebrar una de las elecciones intermedias más grandes en la historia reciente del país. Unos comicios, en ese sentido, históricos, en términos cuantitativos, debido a que, en los últimos años, el andamiaje y la normatividad electoral trabajaron por hacer concurrir en las mismas fechas al grueso de las elecciones locales en el territorio nacional con las respectivas a la renovación de la Cámara de Diputados. Pero unas votaciones históricas, asimismo, por todo lo que se juega en ellas para definir el rumbo que habrá de tomar la política nacional no sólo en lo concerniente a los siguientes tres años, cuando de nuevo, en 2024, se deba renovar la presidencia, el Senado, la Cámara, una decena de gubernaturas y congresos locales, así como un millar de presidencias municipales, sino, sobre todo, porque es a partir de este momento que, por lo menos para la izquierda mexicana, debe comenzar a tomar cuerpo un proyecto de carácter transexenal que ahonde en los logros hasta ahora alcanzados.

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