Marcelo Ebrard y la ruptura del Movimiento de Regeneración Nacional

En una conferencia de prensa, el pasado miércoles 16 de agosto, Marcelo Ebrard Casaubón se atrevió a hacer lo que desde hace varios años ya venía haciendo (forzar una ruptura interna dentro de MORENA, de cara a los comicios del 2024), pero esta vez sin recurrir a eufemismos, a frases oscuras y a acusaciones ambiguas o gestos simbólicos susceptibles de ser interpretados como todo y nada al mismo tiempo. Y aunque el motivo de tal acto aún no queda del todo claro (pues no se sabe con certeza si fue por creer que va ganando y que está en riesgo de que le arrebaten su legítima victoria o si, por lo contrario, fue porque en realidad sabe que va perdiendo y teme no llegar a mostrarse lo competitivo que él mismo cree que es) dos cosas sí son claras. En primer lugar, sus ataques no exculparon a nadie dentro de la 4T, y ello podría traducirse, en caso de convertirse en presidente de México el próximo año, en un factor de ingobernabilidad difícil de contener en funciones; y, en segunda instancia, de ese acto (que se sintió más bien como un grito de desesperación) no hay vuelta atrás para Marcelo y la relación que éste tendrá con el Movimiento de Regeneración Nacional (sea electo o no titular del poder ejecutivo federal).

Y es que, en efecto, las acusaciones que hizo acerca de personalidades y de instituciones muy concretas, en el sentido de que éstas estarían operando de manera ilegitima, desleal y hasta ilegal para beneficiar a la candidatura presidencial de Claudia Sheinbaum por encima de la suya, en el fondo no fueron acusaciones dirigidas única y exclusivamente en contra de esos objetivos específicos (gobernadores y gobernadoras de algunas entidades de la República, acusados de acarreo; así como secretarios y secretarias de Estado, señalados de proselitismo electoral vía programas sociales federales) sino que, más importante que ello aún, fueron acusaciones serias sobre la naturaleza misma del proyecto político en el cual él mismo participa desde diciembre de 2018.

De tal calado fueron los dichos y los hechos de Ebrard en contra del proceso de selección interna de MORENA de la persona que se convertirá en candidata a la presidencia de México en 2024 que, en los hechos, además de sentirse mucho más graves y serias que cualquiera de las críticas que hasta el momento le han hecho a las internas de MORENA desde las filas del Frente Opositor, en cierto sentido coadyuvaron a instaurar entre una porción del electorado nacional la imagen y la idea de que, en la práctica y en lo ideológico, el proceso electoral en curso, dentro y fuera del partido fundado por López Obrador, no se diferencia en mucho (o en nada) de lo que durante décadas se denunció en el seno del régimen posrevolucionario dominado por el priísmo: grandes operaciones de Estado para encubrir, destapar y cargar política y electoralmente en favor de una sucesión presidencial planificada, siempre con la venia del presidente en turno y con la connivencia de las gubernaturas locales y las presidencias municipales.

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Más que los libros, la nueva escuela mexicana III/III

¿En qué medida las modificaciones hechas a los libros de texto gratuitos responden a los múltiples y diversos desafíos que se presentan en el mundo del siglo XXI?

En el debate público actual sobre los nuevos libros de texto gratuitos de la Secretaria de Educación Pública Federal, la mayor parte de las criticas esgrimidas por parte de la oposición al obradorismo giran alrededor de un argumento que es, en y por sí mismo, erróneo: la creencia de que todo proceso de enseñanza-aprendizaje, en particular; y todo sistema de educación público de alcances nacionales, en general; se basan exclusivamente o en su mayor parte en los contenidos de los libros y los materiales didácticos que se empleen en la impartición de clases. Y es que, cualquier persona que cuente con un mínimo de experiencia profesional en actividades pedagógicas o que, por lo menos, conozca acerca de los problemas de la enseñanza en cualquier país, sin embargo, sabrá que los libros son sólo una herramienta de apoyo y, a menudo, ni siquiera la principal dentro de una multiplicidad y una variedad recursos a disposición de la propia práctica pedagógica.

De hecho, sólo en la lógica de operación de un modelo educativo profundamente individualista, centrado en la memorización de la información y en la potencialización del desempeño basado en la obtención de calificaciones por materia o asignatura aislada, una comprensión tal de los libros de texto gratuitos hace sentido. Pero no lo hace en cualquier otro modelo, como el que actualmente se impulsa a través de la Nueva Escuela Mexicana, en el que lo más importante no son el desempeño groseramente individualizante ni la memorización y la consiguiente evaluación numérica del desempeño del o la estudiante, sino que, antes bien, lo son la posibilidad de que niños, niñas y adolescentes, por un lado, comprendan, que todo proceso educativo es inherentemente colectivo (comunitario), como lo es cualquier tipo de participación política significativa por parte de la ciudadanía; y, por el otro, aprendan  que el saber que no se traduce en un saber hacer cambios y transformaciones sociales orientados a construir mundos mucho más libres, más democráticos, más igualitarios y socialmente justos es pura y abstracta erudición enciclopédica (un saber que no sabe hacer).

Y no hace sentido tal concepción de la educación pública nacional por la sencilla razón de que, en este tipo de modelos educativos organizados en la experiencia comunitaria de la enseñanza y del aprendizaje, y sustentados en el compromiso de privilegiar la apropiación social del conocimiento para saber hacer con lo aprendido intervenciones políticas, culturales, económicas, etc., tendientes a mejorar las condiciones de vida de las personas que habitan determinada comunidad, se comprende que la pedagogía dentro de las aulas es, al mismo tiempo, una pedagogía política, formadora de ciudadanía involucrada y comprometida con su entorno de vida más inmediato, y no, por lo contrario, un mero trámite escolar que enseña a las educandas y a los educandos a vomitar información en pruebas escritas de aprovechamiento (sin que bien a bien sepan que hacer en su vida cotidiana con ese conocimiento) o, en su defecto, un paso previo inevitable en la formación de masas trabajadoras desentendidas por completo de los problemas de vivir en colectividad.

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Más que los libros, la Nueva Escuela Mexicana II/III

¿Cuál es el rol histórico que debe de cumplir el Estado mexicano, a través de su nueva política educativa, en el abordaje de los cambios que han experimentado y que seguirán experimentando México, América Latina y el resto del mundo?

En México, durante el último par de meses, la decisión tomada por la Secretaría de Educación Pública federal (SEP) de iniciar el próximo ciclo escolar con una nueva batería de libros de texto gratuitos ha suscitado, en el seno del debate político nacional, una pronta y virulenta reacción por parte del grueso de las fuerzas políticas y sociales hostiles a la 4T, en general; y al obradorismo, en particular; que insiste en instaurar, entre amplios sectores de la población mexicana, el sentido común de que tanto los nuevos libros de la SEP como los planes y programas de estudio que los acompañan son, en el mejor de los casos, una ocurrencia más de Andrés Manuel López Obrador y sus funcionarios castrochavistas; en el peor, la punta de lanza de un proyecto de más largo aliento orientado a instaurar en el país una suerte de avatar a la mexicana del sovietismo que caracterizó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas durante la mayor parte del siglo XX.

Aunque son muchos los argumentos que esgrime para descalificar por completo a la iniciativa de López Obrador de transformar —en la práctica y en la teoría— al sistema público de educación en México, en esa discusión, para la oposición al obradorismo, además de sus ridículas rabietas hechas pasar por análisis supuestamente sesudos en torno de las pocas —pero reales e innegables— erratas que es posible hallar en un par de libros (de tipo ortográficas o de sintaxis, algunas, las más graves, de imprecisiones históricas en fechas importantes, etc.), ha sido fundamental posicionar en el grueso de los medios de comunicación de alcance local y nacional los términos del debate en cuestión a partir de dos ideas centrales que para ella resultan fundamentales. A saber: por un lado, que los libros de texto gratuitos que planea distribuir el gobierno de Andrés Manuel están ideologizados; y, por el otro, que, al ser libros ideologizados, estos no pasan de ser meros manuales de politización de las infancias en favor de la 4T.

Más allá de lo absurdo que resulta el siquiera pensar en la posibilidad de que para el ser humano algo en su existencia pudiese llegar a ser a-ideológico o a-político, sin embargo, quizá valdría la pena preguntar de dónde es que surge esa suerte de esquizofrenia que, a lo largo de las últimas semanas, ha llevado a las fuerzas políticas y sociales adversas al obradorismo y a la 4T a acusar por todos lados la posibilidad de que el fantasma del comunismo reviva y recorra a México si no se detiene la impresión y la distribución de los nuevos libros de texto de la SEP en los niveles básicos del sistema público de educación nacional.

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