De consultas populares en favor de la justicia, la memoria y la verdad

México acaba de atravesar por uno de sus más grandes procesos electorales, no sólo por el tamaño de los comicios, el número de cargos disputados y el costo económico que representaron, sino, asimismo, por todo lo que políticamente se jugó en dichas elecciones para el porvenir del proyecto de nación que se inauguró en las presidenciales de 2018. Y, sin embargo, a pesar de esa enormidad, será la Consulta Popular —prevista para celebrarse el próximo primero de agosto del año en curso— la experiencia de participación ciudadana en la que, en verdad, se pondrá a prueba la viabilidad transexenal de eso que se asume a sí misma como una Cuarta Transformación de la vida pública nacional, toda vez que, de los resultados que se obtengan en ella dependerá la posibilidad de afianzar, en los años por venir, una propuesta de gobierno transexenal, con marcados rasgos de izquierda o, por lo contrario, una violenta reacción de los intereses que se vean afectados por la Consulta, abriendo la puerta a que en el país se experimente un escenario político muy parecido al que en el Sur de América se ha venido presenciando, a lo largo del último lustro, de la mano del golpismo en todas sus formas y variantes.

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Los saldos electorales de la 4T: propaganda y clases sociales (II)

En el debate capitalino posterior a los comicios de medio término, celebrados este pasado 6 de junio, dadas las múltiples victorias que obtuvo la coalición Va por México en un gran número de alcaldías del occidente de la ciudad, dos de las preguntas que más se han repetido y que más difícil ha resultado responder son, en primer lugar, ¿por qué MORENA perdió tanto respaldo a su plataforma y su agenda entre la sociedad?; y, en seguida, ¿qué factores son los que explican el desplazamiento de una parte considerable del electorado hacia la derecha del espectro ideológico?

La respuesta a estas interrogantes no es, por supuesto, única. Al ser fenómenos interconectados y que se corresponden mutuamente, las causales que explican uno y otro son múltiples y diversas. De ahí que no exista un único argumento que logre englobar a la totalidad de variables que intervinieron en el cambio de las correlaciones de fuerzas que en los próximos años se vivirá en la entidad, tanto por la redistribución de alcaldías como por el cambio de representaciones en la Asamblea Legislativa de la ciudad.

Ahora bien, de cara a este necesario recuento de los daños, ¿qué respuestas se han ofrecido por parte de la izquierda capitalina y cuáles de esos argumentos resultan en verdad plausibles para dar cuenta de las consecuencias profundas que conlleva la derrota de MORENA en la capital de México, para muchos y muchas la entidad más progresista del país (y que en efecto lo es)?

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Los saldos electorales de la 4T: el crecimiento de la derecha (I)

Saber si Morena ganó o perdió en las primeras elecciones intermedias por las cuales ha atravesado siendo la fuerza parlamentaria mayoritaria en el Congreso federal y, al mismo tiempo, siendo el instituto político que llevó a la presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador, no es tan sencillo como simplemente recurrir a una contabilización de escaños, para el caso de las Cámaras, o enumerar qué tantas gubernaturas más salieron de las filas del partido, por poner apenas un par de ejemplos. Y es que, si bien es verdad que, en términos políticos, el número de cargos de representación popular es quizás el indicador más certero para mesurar la fortaleza o la debilidad de una opción partidista, lo que hace a ese tipo de criterios inadecuados para el problema actual de Morena es que de su lectura no se extraen las mismas consecuencias cuando se aplican a un partido ya consolidado y cuando, por el contrario, se le aplican a uno cuya posibilidad de constituirse en gobierno fue producto de una movilización de masas.

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