Narcotráfico y geopolítica: entre la injerencia extranjera y la fragmentación interna

Los hechos: el lunes 13 de julio, la prensa mexicana dio a conocer los fragmentos de lo que se presumía era una conversación privada sostenida a principios de este 2026 por la actual gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, en los que se la escucha abordar temas personales, de seguridad y de política nacional. En comunicado oficial emitido el mismo día por la Oficina de Comunicación Social del Gobierno de Baja California, la mandataria confirmó la autenticidad de la filtración afirmando que «los audios difundidos recientemente corresponden a fragmentos de una conversación privada». (En tiempos de inteligencias artificiales capaces de suplantar la identidad de cualquier persona, la corroboración no es superflua).

Ahora bien, en ese mismo comunicado, el gobierno de la entidad sostuvo que los interlocutores de la mandataria en esos audios son «personas que se presentaron como agentes o intermediarios de autoridades estadounidenses, sin acreditar formalmente dicha representación». Un día después, el martes 14 de julio, sin embargo, en su habitual conferencia de prensa matutina, la gobernadora rectificó lo sostenido por su Oficina de Comunicación Social y precisó que los interlocutores de las conversaciones filtradas en realidad fueron unas personas a las que ella recibió de buena fe porque le habían manifestado su intención de apoyar (no se sabe si a ella o a su gobierno ni en qué temas se brindaría tal apoyo). Estos, además, de acuerdo con la nueva versión de los hechos narrada por la mandataria, habían sido apadrinados por el exgobernador de la entidad (su antecesor inmediato y enemigo jurado), Jaime Bonilla, quien directamente le habría pedido a Marina del Pilar que los recibiera.

Un día después de esta declaración (el 15 de julio), como no podía ser de otro modo, el exgobernador Bonilla emitió su propio comunicado, a través del Partido del Trabajo (su partido y aliado formal del Movimiento de Regeneración Nacional, del que es militante Ávila Olmeda), señalando su rechazo categórico a las acusaciones hechas por su sucesora en el cargo. Y sentenció: «es ilógico que a quien ha señalado como su peor enemigo, a quien ha perseguido política y penalmente, pueda participar en eventos tan sensibles y confidenciales de la gobernadora».

En el interín, dicho sea de paso, cuando el tema llegó a la conferencia de prensa matutina de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo tomó posición clara en el tema y sostuvo dos apreciaciones básicas. La primera de ellas es que, a diferencia de lo que ocurrió en el caso de la gobernadora de Chihuahua, Maria Eugenia Campos (quien facilitó la operación de agentes estadounidenses en actividades de seguridad antinarcóticos en territorio nacional), lo de la gobernadora de Baja California no daba como para acusarla, a ella también, de haber violado las leyes mexicanas en materia de seguridad nacional. La razón de fondo de esta distinción, explicó la presidenta, tendría que ver con el hecho de que Marina del Pilar únicamente habría manifestado su voluntad de actuar en el futuro, y restringiendo dicha cooperación a un mero intercambio de información (que no es, per se, violatorio de las leyes mexicanas cuando se conduce por los cauces institucionales de oficio). El segundo argumento esgrimido por la presidenta en defensa de la gobernadora de Baja California es que, hasta el momento, no se sabe si las personas con las que habló en verdad son agentes extranjeros o no. En última instancia, sentenció: Marina del Pilar ya había dado una explicación y, si se tiene que investigar algo más adelante, que se investigue. Punto.

A la presidenta la respaldó el encargado de la seguridad pública federal, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar Garcí Harfuch, quien sostuvo que, a partir de lo que es posible escuchar en los audios filtrados, «no se infiere que se vaya a dar información confidencial. En las mesas de seguridad de los estados participan no sólo autoridades estatales y federales; se identifica la incidencia delictiva diaria, mas no hay una información como tal que tenga un grado de sensibilidad que nos preocupe que fuera compartido con alguna autoridad; si es que fuera el caso que es con alguna autoridad porque todavía no se sabe exactamente qué autoridad era con la persona que estaba hablando».

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