Don’t Look Up! La interiorización social de las distopias

Hace unos días, previo al cierre del 2021, la plataforma de contenidos multimedia por streaming, Netflix, estrenó en México una de sus producciones originales hasta hoy más exitosas (aunque por debajo de los niveles de audiencia alcanzados por El Juego del Calamar): Don’t Look Up. El largometraje, dirigido por el guionista, director y actor estadounidense Adam McKay (quien cuenta entre sus joyas la dirección de Vice, en 2018; y The Big Short, en 2015), tiene el mérito inicial de ser una producción en la que convergieron personalidades consolidadas de la industria cinematográfica estadounidense (Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Cate Blanchett y Meryl Streep) con talentos en rápido ascenso (Jonah Hill y Timothée Chalamet).

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Chile: cuando la rabia claudicó

El pasado 21 de noviembre del año en curso, la sociedad chilena fue convocada a las urnas con el propósito de renovar los 155 escaños que componen a la Cámara de Diputados, 27 de las cincuenta senadurías que conforman al Senado y, por supuesto, la presidencia del Estado. Desde las generales del 2017 —y dando por descontada la trascendencia intrínseca al plebiscito de octubre del 2020, a través del cual se logró la institucionalización de la rabia popular que en 2019 tomó las calles de la capital y de las principales ciudades chilenas para mercarle un alto a los abusos del neoliberalismo—, los comicios de este año fueron, sin lugar a dudas, uno de los ejercicios electorales más importantes a los que se ha tenido que enfrentar la ciudadanía chilena en los últimos veinte años, toda vez que de sus resultados depende el que la agenda progresista puesta en marcha por las protestas masivas del 2019 avance lo más profunda y ampliamente que le sea posible o, por lo contrario, simplemente se detenga sin llegar a conquistar las reivindicaciones que en principio se propuso.

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La larga noche de los 500 años

Hace unos meses, durante una visita oficial realizada por el presidente de España, Pedro Sánchez, a Argentina, Alberto Fernández,  jefe de Estado de esta nación comentó: «escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos». Tales declaraciones —que hoy parecen poco menos que un desafortunado traspié de incorrección política—, pensadas en el marco de los eventos conmemorativos que en México se lleva a cabo en estos días, a propósito de los quinientos años de la conquista de Tenochtitlan, el 13 de agosto de 1521, cobran una dimensión y una importancia aún mayores de las que en su momento pudieron haber tenido  porque, no muy en el fondo, las palabras del mandatario argentino revelan una herida histórica aún sangrante en la memoria y la identidad de las poblaciones de este continente: América.

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Cuba y los múltiples disfraces de la contrarrevolución: la sociedad civil impoluta

A propósito de Cuba… De entre toda la vorágine de desinformación que se apoderó, en los últimos días, de las redes sociales y otros espacios de discusión pública, uno de los mensajes que más se replicó entre aquellos y aquellas que demandaban libertad para la sociedad cubana, el que quizá sea más representativo de ellos es ese que rezaba: «al pueblo no se le toca». Estas palabras, repetidas una y otra vez en infinidad de mensajes son importantes y significativas porque, a su vez, son indicativas de la prisión en la cual se encuentra la crítica social, a lo largo y ancho de América, así como al interior de Estados Unidos: en los tiempos que corren, es ya un sentido común el aceptar que la sociedad civil movilizada es, por antonomasia o por naturaleza, antítesis de las opresiones políticas, las injusticias económicas y los fundamentalismos culturales.

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De consultas populares en favor de la justicia, la memoria y la verdad

México acaba de atravesar por uno de sus más grandes procesos electorales, no sólo por el tamaño de los comicios, el número de cargos disputados y el costo económico que representaron, sino, asimismo, por todo lo que políticamente se jugó en dichas elecciones para el porvenir del proyecto de nación que se inauguró en las presidenciales de 2018. Y, sin embargo, a pesar de esa enormidad, será la Consulta Popular —prevista para celebrarse el próximo primero de agosto del año en curso— la experiencia de participación ciudadana en la que, en verdad, se pondrá a prueba la viabilidad transexenal de eso que se asume a sí misma como una Cuarta Transformación de la vida pública nacional, toda vez que, de los resultados que se obtengan en ella dependerá la posibilidad de afianzar, en los años por venir, una propuesta de gobierno transexenal, con marcados rasgos de izquierda o, por lo contrario, una violenta reacción de los intereses que se vean afectados por la Consulta, abriendo la puerta a que en el país se experimente un escenario político muy parecido al que en el Sur de América se ha venido presenciando, a lo largo del último lustro, de la mano del golpismo en todas sus formas y variantes.

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