La izquierda es la oposición, no la derecha

Los mexicanos y las mexicanas están a un par de días de celebrar una de las elecciones intermedias más grandes en la historia reciente del país. Unos comicios, en ese sentido, históricos, en términos cuantitativos, debido a que, en los últimos años, el andamiaje y la normatividad electoral trabajaron por hacer concurrir en las mismas fechas al grueso de las elecciones locales en el territorio nacional con las respectivas a la renovación de la Cámara de Diputados. Pero unas votaciones históricas, asimismo, por todo lo que se juega en ellas para definir el rumbo que habrá de tomar la política nacional no sólo en lo concerniente a los siguientes tres años, cuando de nuevo, en 2024, se deba renovar la presidencia, el Senado, la Cámara, una decena de gubernaturas y congresos locales, así como un millar de presidencias municipales, sino, sobre todo, porque es a partir de este momento que, por lo menos para la izquierda mexicana, debe comenzar a tomar cuerpo un proyecto de carácter transexenal que ahonde en los logros hasta ahora alcanzados.

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El saber, el poder y la verdad: cientificismo y extrema derecha

Desde que la figura de Andrés Manuel López Obrador cobró la relevancia política nacional suficiente como para convertirse en un desafío para los intereses de algunos sectores en el seno de las élites mexicanas, ciertos círculos corporativos han sostenido el discurso de que el personaje en cuestión es la representación más acabada de una suerte de falso mesías, partiendo del entendido de que el ser un mesías es, en sí mismo, una falsedad, pero, además, implicando en su caracterización la idea de que la falsedad inicial de su mesianismo se aloja en la concepción que López Obrador tiene de sí mismo: impidiéndole reconocer la fantasía en la que habitan sus aspiraciones políticas.

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Michel Foucault: el homosexual, el perverso y el pedófilo II/V

A pesar de que los tiempos en los que vivió y desarrolló el grueso de su actividad intelectual fueron los de la liberación sexual en Occidente, en general; y en Francia, en particular; Michel Foucault se negó sistemáticamente a que el público de sus obras (lo mismo adeptos que detractores) hiciese una analogía entre las problematizaciones por él plasmadas en su obra y su propia vida privada. Entre los principales motivos que llevaron a Foucault a oponerse tan sistemáticamente a que las personas que se acercaban a su obra buscasen las respuestas que en ella daba a partir de lo que sucedía en su experiencia de vida, se halla, por supuesto, el hecho de que, a pesar del clima que imperaba en la Francia de la segunda mitad del siglo XX, las identidades sexuales no heteronormadas seguían constituyendo una rareza o perturbación de la naturaleza humana que no resultaba sencillo aceptar, mucho menos asimilar.

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Reacción, cancelación de la cultura y contrarrevolución en América

En el primer capítulo de la tercera temporada de la más famosa serie distópica de Netflix, Black Mirror (titulado Nosedive), el director británico, Josh Wright, el escritor Charlton Brooker y los guionistas Michael Schur y Rashida Leah Jones, buscaron explorar las catastróficas consecuencias que tendría el implementar en gran escala, en las sociedades capitalistas de consumo de masas contemporáneas, un sistema de reputación social (social scoring) capaz de sustituir al dinero y, en general, a cualquier tipo de moneda, como vector organizador, regulador y administrador de la totalidad de los fenómenos propios de las relaciones de socialización humana.

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Palestina y el antisemitismo judío

El mundo ha redescubierto la miseria y el sufrimiento en los que vive el pueblo palestino. No es ésta, por supuesto, la primera ocasión en que voltea su mirada hacia Oriente Medio, hacia los territorios que se disputan los tres grandes monoteísmos de Occidente: el cristianismo, el judaísmo y el islam. De vez en vez, de hecho, alguna coyuntura regional estalla y, entonces, gran parte de la comunidad internacional presta atención, aunque sea por un instante, a lo que sucede día con día en la zona. La violencia, la explotación, la devastación y la aniquilación del pueblo palestino, llevada a cabo por el gobierno de Israel, es cotidiana y no puramente coyuntural. Sin embargo, y a pesar de esa sistematicidad, que Palestina sea noticia sólo en las coyunturas es ya un signo que por sí mismo retrata de cuerpo entero la tragedia que vive esta sociedad: la soledad en la que se halla, en su lucha por existir como un Estado soberano. De ahí que, ahora que vuelve a ser el centro de innumerables discusiones, el mundo deba de aprovechar la atención de la que es objeto para impulsar una mayor visibilización y toma de conciencia sobre su tragedia.

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