La sucesión presidencial

Al caer la noche, el 24 de enero del 2021, el presidente de México en funciones, Andrés Manuel López Obrador, le hizo saber al mundo, a través de una comunicación en sus redes sociales, que había dado positivo a Covid-19. La noticia se da luego de que prácticamente durante todo un año, desde enero del 2020, el jefe del ejecutivo federal logró sortear una enorme variedad de escenarios en los que la posibilidad de contagiarse de SARS-CoV-2 era enorme; y aun así nunca enfermó.

Desde eventos públicos con concentraciones tumultuosas, llenas de simpatizantes, cuando los índices de contagio en el país aún se mantenían dentro de dinámicas comunitarias; hasta viajes recurrentes en vuelos comerciales y reuniones con diversas figuras de los sectores político, civil y empresarial, a lo largo y ancho del territorio nacional; pasando por sus acostumbradas conferencias matutinas (las “mañaneras”); en cada una de esas situaciones, aun cuando en algunos casos trascendió en la prensa que se habían dado casos positivos de Covid-19 entre los y las asistentes, López Obrador resultó, siempre, negativo en los análisis que se le realizaban, como parte de los protocolos de monitorio permanente de su salud de los que es objeto, de cara a la epidemia en México.

El anuncio se da, asimismo, a pocos días de que el grupo de edad al que pertenece López Obrador comenzara a ser vacunado por el gobierno federal en contra del SARS-Cov-2, toda vez que, entre febrero y abril del año que corre, las personas de sesenta años y más, así como el personal de salud restante (aquel que no necesariamente se encuentra en la primera línea de reacción en la atención a pacientes con Covid-19) serian las poblaciones meta para inmunizar. Siendo un varón de más de sesenta años, que además tuvo que ser operado de emergencia, en 2013, por haber sufrido un infarto al miocardio, y que en los últimos años de su vida ha sido objeto de diversos tratamientos médicos por tener afecciones relativas a sus niveles de presión arterial, a pesar de haber afirmado que sus síntomas son leves, López Obrador entra dentro del grupo de personas que acumula una serie de comorbilidades capaces de potenciar (no hay certeza sobre la magnitud en cuestión) el nivel de letalidad del virus en su cuerpo. Las probabilidades de que el presidente de México se agrave y llegue a perecer, hay que decirlo abiertamente, son altas.

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