Violencias de género e indolencia política

De las múltiples y diversas lecciones éticas y políticas que las mujeres movilizadas por América le han dado a las sociedades de la región, aquella que tiene que ver con reconocerle peso, legitimidad y validez a su voz —individual y colectiva— es, quizá, la que en estos tiempos se erige a sí misma como el eje que articula a la totalidad de la lucha que sostienen por emanciparse de un sistema que históricamente les ha oprimido con base en sentidos comunes que a lo largo del tiempo normalizaron y naturalizaron relaciones sociales que definitivamente no tienen nada de naturales. Y lo cierto es que hay una motivación poderosísima detrás de esa centralidad sobre la voz de la mujer: ninguna emancipación es posible si, en primer lugar, los y las oprimidas no tienen la posibilidad de participar del debate público (esto es: si no tienen voz en absoluto); y, en seguida, si, a pesar de contar con esa posibilidad y con relativas facilidades para ser escuchadas, las colectividades oprimidas son sistemáticamente descalificadas y anuladas en su rol político, desconociendo la legitimidad y la veracidad de sus afirmaciones, así como la demanda de justicia detrás de ellas.

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Cataluña: entre izquierdas fragmentadas y el ascenso de VOX

A finales del 2017, Cataluña se colocó en el centro de múltiples debates a nivel internacional debido a las movilizaciones masivas que en aquel momento tuvieron lugar, gracias a un repunte sin precedentes en el sentimiento autonómico e independentista de la población que habita dicha comunidad, ubicada al noreste de la península ibérica, haciendo frontera con el territorio francés. Poco más de tres años y una epidemia de SARS-Cov-2 después, el 14 de febrero del 2021 se celebraron elecciones regionales para renovar el Parlament y, a juzgar por los resultados de la jornada, entre las pocas certezas que es posible vislumbrar acerca de las tensiones y la crisis política por la que atraviesan España, en general; y Cataluña, en particular; se hallan dos: las fuerzas del independentismo han crecido como nunca antes en la historia reciente del país, pero la derecha nacionalista, en una de sus expresiones más reaccionarias, también.

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Ecuador: perspectivas de la izquierda regional en América

Andrés Arauz, candidato a la presidencia de Ecuador por la coalición Centro Democrático, no alcanzó a conquistar un mínimo de 40% de la votación emitida en los comicios del pasado domingo siete de febrero; requisito indispensable, en el marco normativo de esa nación, para ganar su acceso al poder ejecutivo del Estado sin tener que recurrir a una segunda vuelta electoral. La distancia entre su candidatura y el segundo lugar en preferencias populares, sin embargo, sí fue la suficiente como para abrir una brecha de poco más de diez puntos porcentuales de diferencia, aunque no queda claro, aún, si ese escaño lo ocupará, para el balotaje de abril próximo, la candidatura de la derecha conservadora, personificada por Guillermo Lasso (de la Alianza CREO) o si, por el contrario, lo hará Yaku Pérez, impulsado por el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik. Y es que, todavía en las primeras horas del día siguiente a la celebración de los comicios de primera vuelta, con poco más del 97% de los sufragios contabilizados, Lasso registra 19,60% de las preferencias, mientras que Pérez contabiliza 19,81%.

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