Enero del 2021 aún no finaliza y el gobierno de la 4T ya tiene que lidiar con el que quizás es el costo político más caro que ha tenido que pagar en lo que va de su periodo de vigencia: el proceso judicial el que se supone había sido sometido el exsecretario de la Defensa Nacional de Enrique Peña Nieto, Gral. Salvador Cienfuegos Zepeda, terminó, abruptamente, por resolverse en favor de exonerarle de toda acusación e, incluso, de sospecha alguna. Y es que, en efecto, este parece ser el lastre más pesado con el que tendrá que cargar el gobierno federal en funciones no únicamente porque la decisión se toma con muy poca antelación (seis meses) al momento en el que se tendrán que celebrar los comicios generales de medio término, para renovar, entre otras instancias, a la Cámara de Diputados.
Si en política los tiempos son siempre determinantes, en la forma y en el fondo, para definir la trayectoria de los acontecimientos, las tenciones y las disputas de intereses, ello significa que las posibilidades de que el electorado le haga pagar a Morena los saldos por la redención del Gral. Cienfuegos, si bien aún son difíciles de determinar con precisión y claridad, por lo menos es seguro que se han incrementado, respecto de la situación en la que se hallaba el partido al comenzar el año en curso. Y es que si bien es cierto que el presidente López Obrador ha procurado mostrar una postura de extrema precaución y de sano distanciamiento respecto de la dinámica imperante en el seno del partido político que él mismo fundó y que le consiguió la victoria para ocupar su cargo actual, la realidad es que, por lo menos en el imaginario colectivo nacional, el carácter de uno parece ser sinónimo de la naturaleza del otro.
Ello, asimismo, se debe, en parte, al hecho de que el priísmo instauró en la memoria colectiva de los mexicanos y de las mexicanas, como sentido común y regla implícita de la vida política nacional, la aceptación de que el partido del presidente en funciones es siempre una suerte de falange inseparable, imposible de desligar, respecto de las decisiones tomadas por el jefe del ejecutivo federal en el ejercicio de sus funciones. Morena, además, por lo menos en lo que toca a la parte que opera a manera de partido (pues en las elecciones del 2018 Morena fue, más que un partido, un movimiento de masas), en los últimos dos años si algo ha dejado en claro, eso es que su desarrollo institucional es, en muchos sentidos, tributario de algunas de las más añejas tradiciones de la cultura política cultivada en el priísmo del siglo XX. De ahí, entonces, que el costo político a pagar por el caso Cienfuegos no sea una situación que inicie, transite y se agote sólo en la figura del presidente o de cualquiera de las personalidades que conforman su circulo cercano de gobierno en los tres poderes de la Unión.
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